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Por Luis Felipe García.
Día a día recibo noticias del avance de la barbarie en el mundo. Comparo con otros momentos de la historia, repaso otros momentos históricos. Leo a algunos teóricos del asunto. Contrasto las buenas razones dadas a la agresión de hoy con la maldad del agresor de ayer.

El interés es entender y poder asimilar esto que siento. Es inútil, nada me explica tanta bestialidad.

De la historia, únicamente extraigo sucesos, fechas y materias primas que pretenden explicar la violencia.

De las religiones, cosecho resignación ante el mal.

De las versiones periodísticas, sólo obtengo incoherencias y confusión, amén de la odiosa santificación de los homicidas.

De los analistas, rescato solamente las frases consabidas: “la naturaleza humana es violenta”, “siempre ha sido así”, “fue peor la 2ª Guerra Mundial”...

Lo que salta a la vista es que el número de conflictos en simultaneidad ha aumentado (alrededor de 25 en curso en 2012). También que los motivos aparentes se develan muy velozmente: Ya no hay guerras ideológicas o religiosas ni debidas a un penal mal cobrado; en la actualidad prácticamente todas son de rapiña. También es evidente el posicionamiento de los EE.UU. como primer instigador, promotor, actor, financista y beneficiario económico de casi todos los horrores belicistas del momento.

Las noticias de hoy señalan que 25 ciudadanos de Yemen fueron asesinados por aviones no tripulados; que un sargento estadounidense salió de excursión y mató sin pretexto alguno a 16 personas que estaban en sus casas -9 niños entre ellas-; también informan que 21 palestinos han muerto por bombardeos israelíes durante la última noche (ataques aéreos perpetrados en la oscuridad).

No creo en absoluto que esas sean las circunstancias que empujan a un cuerpo colegiado de militares, con buenos sueldos y cómodas oficinas para juntarse, a diseñar un esquema de pasos a seguir para atacar a un país lejano y calcular anticipadamente el número de muertes -militares y civiles- que van a producirse aparte de la destrucción de casas, hospitales, escuelas, plazas, pueblos enteros, etc.

No me imagino al señor Obama, borracho, dándole golpes a una foto de Gadafi para luego llamar al señor Panetta y darle la orden de enviar soldados a matarlo. Me resisto a aceptar que las prehistóricas monarquías europeas, así como los parlamentos y gobernantes de las repúblicas guerreras de la OTAN, sesionen en medio de humos y sustancias alucinógenas que les hagan percibir de modo amplificado y amenazante sus ocultos temores a lo árabe, lo gitano, lo chino, lo extraño, lo peligroso.

Definitivamente no es así, las noticias referidas dan cuenta de actos criminales y aberrantes planificados fríamente.

Trato de entender...

Vienen a mi mente los relatos y lecturas referidas a pueblos antiguos así como a muchísimas pequeñas culturas, sobrevivientes aún, que desarrollan sus vidas en paz, en contacto con la naturaleza y alejadas de las grandes ciudades y del “progreso moderno”.

De nuestros ancestros que fueron moldeando en Asia y Europa a la actual sociedad, hay huellas (muy poco divulgadas) de que su vida no siempre estuvo marcada por el hierro y la pólvora. Eso vino después. ¿Cambió la naturaleza humana o habrá que creerles a los economistas de cualquier universidad seria, su versión acerca de que fueron los escasos bienes de consumo y el aumento de las necesidades lo que nos hizo progresar a punta de palos? Según ellos, ¡habría que estar agradecidos de la codicia, de la envidia, del despojo y de toda esa bajeza que elevan a la categoría de ‘motor de la historia’!

Según ellos, todos los días habría amas de casa saliendo de sus casas para apuñalar a sus vecinas con tal de obtener la taza de azúcar faltante.

Sigo intentándolo...

Otra noticia aporta un dato relevante. Expone que está aumentando la cantidad de grupos discriminadores en Estados Unidos. Un nuevo informe sostiene que sigue en aumento el número de grupos partidarios de distintas formas de discriminación. El Centro Legal de la Pobreza del Sur determinó que el número de grupos organizados contra alguna característica específica racial, religiosa o de otro tipo aumentó de 602 en el año 2000 a 1018 el año pasado. El Centro también encontró un drástico incremento en la cantidad de grupos patriotas antigubernamentales o de milicias (léase, fascistas).

Esto ocurre en el país del temor, de los inventores de las doctrinas de defensa y de ataque más salvajes, del país más armado del mundo.

Quizás empiezo a entender...

Un buen amigo me explicó un día que sin fe interna hay temor, el temor produce sufrimiento, el sufrimiento produce violencia y la violencia, destrucción.

Vuelvo a considerar aquellos pueblos y culturas que “no alcanzaron el progreso actual” de la humanidad. Asimismo, pienso nuevamente en aquellas reuniones de “líderes mundiales” o las de los “estrategas” del homicidio.

Advierto las diferencias más evidentes.

Para los últimos, sus cómodos sillones y sus vidas en general están cimentados en el deseo y en la posesión. No son nada ni nadie sin las cosas y el estatus que poseen. Han perdido el alma. Son una sombra de un ser humano y un espectro de lo que pudieran ser.

Los otros, que incluyen a la vecina que intercambia amabilidad o compañía por azúcar y a todos esos amigos que rehúyen la violencia, también tienen deseos, pero tales deseos no están satisfechos del mismo modo. Cada día está teñido por la necesidad. Necesidad de los demás para poder avanzar. Necesidad de algún dios para confiar o pedir apoyo. Necesidad de hacerse mejor, para superar lo doloroso.

El temor y la amenaza también están copresentes pero es, sobre todo, el temor a no conseguir. ¿Por qué habría de asesinar a mi hermano si mi sufrimiento es por el miedo a no lograr aquello que quisiera?

Ficnova 2014

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