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Por Luis Ammann.
 

Los derechos humanos no son una creación de occidente como se deja creer a los alumnos en muchos países civilizados. Tampoco hay referencias que avalen el papel de gendarmes que se arrogan los países occidentales (léase OTAN) sobre las “atrocidades” que atribuyen a países contrarios a sus intereses. Hoy, cuando las bombas de la “democracia socialista” de Francia caen sobre el pueblo que vive al norte en la República de Mali es bueno recordar un documento que tiene varis siglos: la Carta de Manden, o Fuga Kurukan proclamada en 1235, “cerca de la ciudad de Ka-Ba actual Kangaba”. Fue el conjunto de reglas básicas (Constitución) del Imperio de Malí (1235-1670) instauradas “con la intención de evitar la guerra y garantizar una convivencia armoniosa”. Hay una versión poética y otra, que publica Kouyaté, contiene 44 edictos.

En todo caso, ocupa un lugar distinguido en el listado del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (Unesco, 2009) y muy pocos la conocen.

Los cazadores declaran: Toda vida (humana) es una vida.   Es cierto que una vida aparece previamente a la existencia de otra vida, pero una vida no es “más antigua”, más respetable que otra vida, así como una vida no es superior a otra vida.  

Los cazadores declaran: Toda vida que es una vida, todo daño causado a una vida exige reparación. Por lo tanto, que nadie robe a su vecino, que nadie cause dolor a su prójimo, que nadie martirice a su semejante.  

Los cazadores declaran: Que cada uno vela por su próximo, que cada uno venera a sus progenitores, que cada uno educa como es debido a sus niños, que cada uno “mantenga”, cubra las necesidades de los miembros de su familia.  

Los cazadores declaran: Que cada uno vele por el país de sus padres. Por el país o patria, es necesario oír también y sobre todo los hombres; ya que “todo país, toda tierra que viera a los hombres desaparecer de su superficie se volvería nostálgica inmediatamente”.  

Los cazadores declaran: El hambre no es una buena cosa, la esclavitud no es tampoco una buena cosa, no hay peor calamidad que esas cosas, en este bajo mundo.   Mientras que tengamos la aljaba y el arco, el hambre no matará ya nadie en Manden, si por ventura el hambre viniera a prevalecer; la guerra no destruirá más al pueblo para tomar esclavos; es decir que nadie colocará en adelante la mordaza en la boca de su semejante para ir a venderlo; a nadie se golpeará tampoco, ni a fortiori condenado a muerte, porque sea hijo de esclavo.  

Los cazadores declaran: La esencia de la esclavitud es extinguida este día  “de un muro al otro”, de una frontera a la otra de Manden; los tormentos nacidos de estos horrores se terminan a partir de este día en Manden. ¡Qué prueba es el tormento! Sobre todo cuando el oprimido no dispone de ningún recurso. El esclavo no goza de ninguna consideración, en ninguna parte en el mundo.  

La gente de antes nos dice: “El hombre como individuo hecho de hueso y carne, tuétano y nervios, de piel cubierta de pelos y cabello, se alimenta con alimentos y con bebidas; pero su “alma”, su espíritu vive de tres cosas: ver lo que tiene deseo de ver, decir lo que tiene deseo de decir y  hacer lo que tiene deseo de hacer; si una sola de estas cosas viniera a faltar al alma humana, sufriría y se marchitaría seguramente”.  

En consecuencia, los cazadores declaran: Cada uno dispone en adelante de su persona, cada uno es libre de sus actos, cada uno dispone en adelante del fruto de su trabajo.

“Tal es el juramento del Manden dirigido a las orejas de todo el mundo.”

Ficnova 2014

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