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Por Olivier Flumian

 

El 3 de septiembre la República Popular Democrática de Corea (RPDC) o Corea del Norte procedió a lanzar el ensayo nuclear más potente de su historia. Corea afirma que es una bomba H*. Aunque falta verificar la información, no es menos cierto que la explosión provocó un temblor de grado 6 en la escala Richter. Esto ya es revelador de la potencia de la explosión. Es el décimo séptimo ensayo de tiro balístico desde el comienzo del año, lo que prueba la determinación de ese país de dotarse de una capacidad nuclear disuasiva. La actitud de Trump, incoherente, yendo de un extremo a otro, un día llamando a negociar y a la mañana siguiente hablando de sanciones muy duras que incluso contemplen la opción de una intervención militar, conforta al régimen norcoreano en su política.

¿Cómo frenar esta escalada entre Corea del Norte y los Estados Unidos?

El régimen de Pyongyang persigue un doble objetivo: un objetivo externo de disuasión y un objetivo interno de autolegitimación ante sus cuadros, a menudo militares, el régimen y la población. La posesión de un arsenal nuclear es en sí disuasivo para todo agresor potencial. Para Corea, que fue colonizada por Japón entre 1910 y 1945, poseer un arma nuclear, el arma que venció finalmente a Japón imperial, es también simbólicamente una revancha histórica acerca de la historia. Los especialistas internacionales sospechan fuertemente de que Pakistán y China ayudaron en forma clandestina al programa nuclear norcoreano y de que Irán suministró la tecnología balística. Desde el arribo al poder de Kim Jong-un, el programa nuclear norcoreano se aceleró. La autosuficiencia económica, la capacidad de defenderse y, por último, la de hablar con Estados Unidos de igual a igual son los tres pilares de la política norcoreana. Con la posesión del arma nuclear, el régimen busca entonces la manera de obligar a los EE.UU. al diálogo.

Si bien Estados Unidos y Corea del Sur son aliados históricos, divergen en el enfoque del asunto. El nuevo presidente surcoreano, Moon Jae-in, está a favor del diálogo con su vecino del norte. Su predecesora, Park Geun-hye, hija del dictador Park Chung-he, había roto todo diálogo con el régimen comunista entre 2013 y 2017. Pero EE.UU. hace alarde de firmeza y quiere implantar un sistema antimisil dirigido a Corea del Norte pero indirectamente también a China. El proyecto estadounidense del escudo antimisil crea en consecuencia fuertes tensiones con China. Entretanto, los EE.UU piden sanciones draconianas contra Pyongyang. Las sanciones económicas votadas en las Naciones Unidas (ONU) se han revelado hasta hoy bastante poco eficaces. Por una parte la frontera china parece permeable para el tráfico ilegal. Por otra parte, ciertas naciones del mundo continúan comerciando con Corea del Norte, más o menos clandestinamente. Aquí hay que agregar que Corea del Norte preparó desde hace tiempo a su población para vivir en estado de guerra, con todas las restricciones que eso implica.

En las Naciones Unidas se votaron nuevas sanciones. China votó la última serie de sanciones económicas de la ONU cuando el 80 % del comercio exterior de Pyongyang se mantiene con China. Es necesario recordar que las relaciones chino-norcoreanas no son de las más fluidas desde la llegada al poder de Kim Jong-Un, quien sucedió a su padre en 2011. Kim Jong-Un es el primer dirigente norcoreano que no visitó Pekín después de su ascensión al poder. Es claro que la nuclearización de Corea del Norte no es vista favorablemente por China. Esta situación podría incitar por rebote a que tanto Corea del Sur como Japón se abastecieran ellos también de armas nucleares. El actual primer ministro conservador japonés Shinzo Abe es conocido por fomentar el fortalecimiento militar de su país, es decir, de revisar la constitución pacifista japonesa para darle un sentido más militarista. Estaríamos frente al tipo de escenario tan temido de proliferación nuclear incontrolable.

Sin embargo, cualquiera sea el caso, es bastante poco probable que China apoye algún tipo de intervención militar estadounidense contra su vecino. Corea del Norte quiere asegurarse de que en la hipótesis de una eventual reunificación de la península de Corea en beneficio de Corea del Sur, ninguna tropa estadounidense seguiría teniendo base en el país.

Rusia espera igualmente que se retome el diálogo y el gobierno en Moscú insiste en la inutilidad de nuevas sanciones por todo lo evocadas anteriormente. Destaca que las maniobras militares masivas y regulares emprendidas por los EE.UU. y Corea del Sur avivan el sentimiento de amenaza en el régimen de Pyongyang.

También en Estados Unidos se oyen cada vez más voces en favor de la diplomacia. El pasado mes de agosto, el ex presidente de los EE.UU. Jimmy Carter traía a la memoria que el régimen de Pyongyang deseaba que hubiera un pacto de no agresión con los EE.UU. y finalmente la firma de un tratado de paz entre las dos Coreas. El levantamiento de las sanciones permitiría que la población norcoreana se aliviara, reafirmaría el régimen y abriría el camino para las negociaciones.

Los aliados de los Estados Unidos, Corea del Sur y Japón están inquietos ante la idea de un conflicto. En caso de guerra entre los EE.UU. y Corea del Norte, Corea del Sur y también Japón sufrirían un impacto directo. No olvidemos que Seúl se encuentra a 40 km de la frontera norcoreana.

Es necesario recordar que la crisis norcoreana es una señal de alarma para el mundo entero en materia de peligro nuclear. Jean-Marie Collin recordaba recientemente que nueve naciones, las que poseen armas nucleares, son las que ponen en riesgo a todo el resto de que se produzca una deflagración mundial. Razón por la cual en junio y julio último, 120 naciones se reunieron en la ONU para votar una prohibición de armas nucleares. Aún cuando ningún país detentor de armamento nuclear haya firmado dicho tratado, el acto es un paso adelante para que las naciones del mundo vayan tomando conciencia de la urgencia de la situación.

Es también una oportunidad para recordar las cinco propuestas fundamentales de la Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia que recorrió más de 50 países en 2009-2010. Estas propuestas nos parecen adecuadas para responder a la crisis actual.

Para comenzar, es urgente que los protagonistas de la crisis procedan a un desarme nuclear progresivo y total dirigido a la eliminación de este tipo de armas. Enseguida, deberían comprometerse en un proceso global de desarme convencional. Recordemos que los dos países coreanos y los países fronterizos a ellos poseen las fuerzas militares convencionales más poderosas del planeta. Estas acciones deben ir acompañadas de la firma de tratados de no agresión entre las naciones comprometidas, las dos Coreas, por supuesto, pero también China, Japón, Estados Unidos y Rusia. La pacificación de las relaciones internacionales en esta parte del mundo debería abrir la vía al retiro de tropas estadounidenses de sus bases surcoreanas y japonesas ya que nada podría ahora justificar su establecimiento. Por último, esas naciones deberían proceder a inscribir en sus constituciones la renuncia a la guerra como medio de resolver los conflictos, inspirándose, para comenzar, en la destacable constitución pacifista japonesa, por ejemplo.

Ficnova 2014

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