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Por: Silvia Swinden

Conocemos a los proletarios, también conocidos como obreros. El término proviene del censo quinquenal del Imperio Romano de los ciudadanos y su propiedad. Para aquellos que no tenían propiedad, los hijos o proles, eran sus únicos activos, de ahí el nombre proletarius, “el que produce vástagos”: los futuros soldados de la expansión del Imperio.

En nuestros tiempos también son los hijos de la clase obrera los que llenan los rangos inferiores de las fuerzas armadas, pudiendo elegir entre una vida miserable u otra con mejores perspectivas socioeconómicas a cambio de arriesgarse la vida.

El término Proletariat es utilizado por Marx para describir a las clases sociales que no poseen medios de producción y, por lo tanto, tienen que vender su propio trabajo para sobrevivir. No es imprescindible disponer de un conocimiento económico especial para deducir que cuanto menos se le pague a un obrero más alto será el potencial de las ganancias. Pero dicho concepto depende aún de que el obrero tenga un puesto de trabajo más o menos estable.

Este no ha sido el caso para mucha gente y ha ido a peor dentro del Dogma del Mercado “Libre”. La inestabilidad de los trabajadores no se ve, básicamente, como un accidente, sino como una estrategia práctica e intencionada para abaratar la mano de obra y maximizar los beneficios. Los contratos de cero horas y la progresiva extensión del tiempo necesario para obtener la seguridad laboral son simplemente ejemplos de las “nuevas” reglas del mercado, que conjuntamente con el asalto sostenido a los sindicatos, son eufemismos de “flexible”, cuando en realidad significan “incapaz de encontrar seguridad”.

El término Precariat (de la unión de precario y proletariado) ha entrado en el debate y se utiliza ahora en las ciencias sociales y la economía para describir a una clase social formada por gente que vive de manera precaria, es decir, en una condición existencial impredecible y sin seguridad, afectando al bienestar material y sicológico, así como pertenecer al proletariado. Se aplica específicamente a la condición de no tener seguridad laboral, con empleo intermitente o subempleo, y la resultante existencia precaria. La aparición de esta clase se ha atribuido al atrincheramiento del capitalismo neoliberal por autores como el economista británico Guy Standing[1], quien escribió un libro titulado “A Precariat Charter” (“Carta del Precariat”), en el que argumenta que todo ciudadano tiene el derecho a una riqueza social heredada. El último de la serie: Precariat: The New Dangerous Class, (“Precariat: La Nueva Clase Peligrosa”) propone el salario básico como solución para dirigirse al problema.

Se reconoce que la joven clase de los Precariat en Europa se ha convertido en un asunto importante a principios del siglo veintiuno y puede ser una de las bases para la aparición de movimientos como el 15M, Indignados, Indignee, Occupy, y de partidos políticos como Syriza en Grecia o Podemos en España, así como del amplio apoyo imprevisto que Jeremy Corbyn consiguió de los jóvenes llevándolo a que lo eligieran como Líder Laborista de manera sorprendente y oportuna.

Entendemos el horror de la violencia cuando explota una bomba o se apuñala a alguien fatalmente, pero esto solo se refiere a la violencia física.

La violencia económica se entiende menos porque no conlleva un único acto de agresión, sino más bien una cadena de sucesos a los que les es difícil atribuir responsabilidad. No obstante, ha sido más fácil reconocer en nuestros tiempos cuando la riqueza obscena se muestra con orgullo ante la miseria más absoluta, cuando millones de personas mueren de enfermedades curables, de hambre o por falta de cobijo por tener recursos.

También es más fácil reconocer ahora a los responsables de ello, ya que el pretexto de mirar por otros seres humanos ha sido abandonado por los que promocionan la agenda neoliberal. Los podemos escuchar culpando a los pobres por ser “perezosos” y exigiendo ruidosamente su derecho a no pagar impuestos.

El Precariat puede que no sea un concepto tan nuevo y tiene que demostrar todavía su fortaleza como una fuerza social, pero debemos prestar atención a los cambios en la dinámica del terreno social porque pueden anunciar soluciones a la debacle actual, que están a nuestro alcance.

Traducido al español por: Herminio Piñeiro

[1] Guy Standing es Catedrático de Estudios para el Desarrollo en la Facultad de Estudios Orientales y Africanos (School of Oriental and African Studies, SOAS), University of London, miembro fundador y copresidente honorario del Basic Income Earth Network (BIEN), una organización no gubernamental que promociona el salario cívico para todos.

Ficnova 2014

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