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La fundación Right Livelihood Award se lo entregó en el Parlamento sueco al ex topo estadounidense “por su valentía y habilidad al revelar medidas extremas de la vigilancia estatal”.

Tanto Snowden como el director del diario británico The Guardian, Alan Rusbridger, recibieron el Nobel alternativo honorario. Este medio de comunicación fue uno de los que más documentos secretos filtrados por Snowden publicó en los últimos años.

Snowden, asilado en Moscú desde junio de 2013, agradeció el premio a través de un video, que fue trasmitido en el Parlamento sueco durante la ceremonia.

“Todo esto tiene que ver con hacer más segura nuestra sociedad, las libertades que hemos heredado. Podemos tener sociedades abiertas y liberales”, aseguró Snowden y recibió una gran ovación del público, según la agencia de noticias EFE.

Snowden admitió que es “improbable” que los cambios que propone se produzcan pronto, pero se mostró convencido de su lucha y prometió continuar con ella. “Todo lo que hemos sacrificado mereció la pena, lo haría otra vez”, concluyó.

Desde el Parlamento sueco, Rusbridger reivindicó la decisión de Snowden de abandonar toda su vida en Estados Unidos para denunciar el espionaje masivo de la más grande agencia de inteligencia de su país, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), dentro y fuera del territorio estadounidense.

Desde que filtró los documentos a la prensa internacional, a mediados de 2013, el ex analista de inteligencia tuvo que abandonar su país, donde la Justicia lo reclama por espionaje y gran parte de la dirigencia política lo acusa de poner en peligro la seguridad nacional.

“Incluso la gente que desaprueba su comportamiento admite en general que provocó un debate necesario sobre la extensión, legalidad y ética de las formas de vigilancia masiva que apenas podíamos imaginar hace veinte años”, destacó Rusbridger al recibir el premio honorario.

La fundación Right Livelihood Award también dividió el premio central y los 163.000 euros que éste conlleva entre la Comisión Asiática de Derechos Humanos y su director, Basil Fernando; el estadounidense Bill McKibben, comprometido en la lucha contra el calentamiento global, y la abogada paquistaní Asma Jahangir.

“Queremos enviar un mensaje de advertencia urgente sobre el hecho de que estas tendencias –la vigilancia masiva e ilegal a ciudadanos de a pie, la violación de los derechos humanos y civiles, las violentas manifestaciones del fundamentalismo religioso y el declive de los sistemas que sustentan la vida en el planeta- están en gran medida ya sobre nosotros”, explicó la fundación en un comunicado.

“Si se les permite continuar y reforzarse mutuamente, tendrán el poder de socavar las bases de las sociedades civilizadas”, agregó el texto, publicado en la página web de la fundación.

Jahangir se convirtió en la primera persona de Pakistán en recibir este premio y aprovechó su discurso para advertir sobre las “fuerzas militantes poderosas que brutalmente deniegan a las mujeres incluso los derechos más básicos”.

“Hay sociedades en las que una mujer no se puede casar con la persona que elige o es tratada de forma brutal por salir de sus cuatro paredes sin escolta masculina. ¡Hay gobiernos que no permiten a una mujer conducir un coche!”, denunció Jahangir, comprometida con la defensa de las libertades civiles en su país.

McKibben, por su parte, agradeció la “valentía” de su compatriota Snowden y comparó su lucha con la que enfrentan los movimientos sociales contra el dinero procedente de la industria de los combustibles fósiles, “que compra políticos y propaga desinformación”, afirmó.

Por su parte, Fernando denunció que la Justicia misma contribuye en Asia a fomentar la violencia, sobre todo hacia los pobres, y defendió como objetivo prioritario del trabajo en materia de derechos humanos en países en desarrollo el impulso de cambios institucionales.

“El uso de la tortura y de los malos tratos y los asesinatos extrajudiciales asociados son la columna vertebral de las prácticas de los llamados sistemas de justicia”, denunció el defensor de los derechos humanos.

El Premio Right Livelihood, que se hizo famoso en el mundo como el premio Nobel alternativo, fue fundado en 1980 para “honrar y apoyar a aquellos que ofrecen respuestas prácticas y ejemplares a los desafíos más urgentes que enfrentamos hoy”.

Jakob von Uexküll, un filatelista profesional de origen sueco-alemán vendió su colección de estampillas para obtener los primeros fondos para financiar este premio. Desde entonces, el galardón cuenta con el apoyo de donantes individuales.

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