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¡Para algunos activistas, divertirse y ser activista no son cosas incompatibles, sino todo lo contrario! Para los clowns comprometidos con acciones públicas que utilizan la ironía, como los del colectivo Salven a los Ricos, la risa es el arma que muchos activistas utilizan para dar a conocer sus acciones, desestabilizar al oponente y, lo que es mejor, dar un poco de alegría a sus vidas .

Por Sonia (Lutopik)
Este artículo fue inicialmente publicado en la revista Lutopik.

“Nada de subsidios para los rastas”, “Menos festivales, más quincenas comerciales”, “Gases lacrimógenos, nada mal… mejor envien napalm”. Estas consignas que fueron coreadas en el 2003 por artistas del colectivo Mantenerse con Vida en sus “Manifestaciones de Derecho” contra la reforma del estatuto de los contratos temporales, pusieron de moda en Francia el activismo con diversión para conseguir reivindicaciones serias. Los clowns del colectivo Jueves Negro haciendo mimo y caricaturizando a las fuerzas del orden con dosis humorísticas de sorpresa mientras visitaban apartamentos en alquiler a precios exorbitantes, incluyendo acciones divertidas del colectivo Salven a los Ricos; de esa manera, el humor ha entrado así en el campo del activismo.

A causa de sus poderes, la risa brinda a los manifesantes una gran ventaja: su fuerza mediática. Imágenes y lemas divertidos, precedidos de llamadas telefónicas a los editores, con seguridad atraen la atención mucho más que algunas pancartas tradicionales. Y no hace falta ser numerosos. Un puñado de activistas disfrazados de Dalton frente el Senado para denunciar a los parlamentarios que votaron en contra del levantamiento de la inmunidad de Serge Dassault, es suficiente para que casi todos los canales de televisión hablen de ello durante todo el día.

En términos de comunicación, es muy eficiente, y el espectáculo no eclipsa en absoluto a las reivindicaciones. “En general, la mediatización se hace en dos tiempos”, dice Elise Aubry, militante principalmente de los colectivos Jueves Negro y Salven a los Ricos, “el momento de la acción, donde los medios de comunicación asisten al acto humorístico o burlesco, que proporciona el contexto para la protesta; y un segundo momento en el que la prensa analiza la base de los reclamos e informan acerca de la contra-propuesta dada por el colectivo”. Este tipo de manifestaciones también permite abordar temas complejos de una manera divertida y atractiva. Y son una buena manera de reclutar a nuevos miembros, quienes se unen al grupo después de cada acción, siendo atraídos por la amabilidad de la metodología.

Arma de diversión masiva

Pero el humor no es solo para atraer a los medios de comuniación, sino que también es un “arma de diversión masiva” que cuestiona a la autoridad, aseguran los clowns activistas. Aparecieron por primera vez en el 2003 con el CIRCA (Clandestine Insurgent Rebel Clown Army: Ejército de payasos ilegales insurgentes y rebeldes) para protestar contra la guerra en Irak, y durante la visita de George W. Bush al Reino Unido, los ejércitos de payasos se multiplicaron en todo el mundo. En Francia, el “Artnez des Clowns” cuenta con varios grupos, entre los que se encuentra la BAC (Brigada de Clowns Activistas), que se hizo conocer al “limpiar” la alcaldía de Neuilly, dado que “donde hay vagos, hay que limpiar a fondo” (la ciudad solo tiene el 2,5% de viviendas sociales, lo que no cumple con la ley).

Uno también puede encontrarse durante las manifestaciones con los clowns miembros del GIGN (Groupement d’Intervention Gros Nez: Grupo de intervención Narices Rojas), o con los CRS (los Clowns de Responsabilidad Social) y otros grupos del Artnez, imitando a las fuerzas del orden, ya sea en su vestimenta o en sus gesticulaciones. Con sus expresiones faciales, sus coloridos y poco convencionales trajes, los clowns desestabilizan y obligan al público a cuestionarse, a menudo para darse cuenta después, de que “en este mundo tan absurdo, el payaso es en última instancia el personaje más justo”, informa el sub “capt’aime” (conjunción de las palabras Capitaine y Aimer: capitán-amar) Batman, clown militante desde 2009.

Pero cuidado, ser clown es algo serio; no se suficiente ponerse una nariz roja. Para llegar a los espectadores y llevar a la reflexión, es necesario “ser” clown, y no “hacerse el clown”. L’Artnez des Clowns “es un movimiento artístico-político”, describe con gusto el sub capt’aime. Y eso se aprende. Es necesario permitirse “liberar al clown que está dentro de nosotros, aquel que permite hablar de sus sentimientos, de sus emociones”. Esto demanda tiempo, precisa aprender la comunicación no violenta, dejarse ir, escuchar… “Esta es una herramienta muy bonita y muy eficaz para cambiar el mundo, cambiando nosotros mismos”, declara Batman.

Interferir con las fuerzas del orden

En las manifestaciones, los clowns también tienen la capacidad de interferir con la policía. Son imitados, ridiculizados, pero no agredidos, frente a lo cualno saben cómo reaccionar. En la manifestación contra el aeropuerto de Notre Dame-des-Landes, en febrero de 2014 en Nantes, los clowns crearon una barrera entre la policía y los manifestantes durante más de una hora, lo que permitió por un lado que muchas personas se calmaran, tomaran un poco de distancia, se rían en momentos en que hubo más tensión, y también impidió que la policía dispare a través de payasos bailando delante de ellos… y luego, “en medio de una zona de guerra, es hermoso, está lleno de color, de amor, de flores…”. Finalmente, la policía utilizó gases lacrimógenos para terminar con la cuarentena de activistas haciendo muecas delante de ellos, arrojando flores y gesticulando. Una intervención que “destaca sin lugar a dudas de dónde viene la violencia real”.

Ya sea por los medios de comunicación o por el arte, los militantes de la alegría también se permiten tener diversión. “Repartir volantes no era lo mío. Las acciones humorísticas ofrecen la creatividad y la libertad que no es posible en los partidos políticos”, dice Élise Aubry. “Uno de nuestros puntos fuertes es mostrar que la militancia no es necesariamente aburrida. También puede dar alegría”, dijo un clown. Y “ser feliz es un acto de resistencia”, dice el filósofo Patrick Viveret. “La felicidad es importante porque detrás de todos los sistemas de dominación, está el abuso, y el miedo”.

Sonia (Lutopik)
Fuente del artículo
Foto de Une: Camille

Ficnova 2014

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