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Tomás Hirsch: el sentido de la acción no-violenta.
Munich.


El viernes 1 de febrero de 2013 el humanista chileno Tomás Hirsch participó en la Conferencia Internacional por la Paz en la ciudad alemana de Munich, convocada como “Las vías no violentas para un cambio de régimen”. Publicamos aquí la transcripción de sus palabras:

 

Comienzo diciendo que el nombre que propuesto para esta conferencia es ya discutible.

En primer lugar, y lo digo sin ánimo de crítica sino que de reflexión, si me piden hablar de vías no violentas para un cambio de régimen es porque en el fondo se supone que existe la posibilidad de un cambio de régimen a través de la violencia. Evidentemente ella aún está instalada en la cabeza de muchos de nosotros y creemos que puede producir los cambios que buscamos, mientras la no violencia aparece solo como una posibilidad adicional a las existentes.

Más allá de la postura ética que nos lleva a rechazar su uso, cabe preguntarse ¿es realmente posible el cambio con la violencia? ¿Hay ejemplos reales de que con ella se modificó efectivamente la situación política, económica o social?

Para responder tendremos que consensuar a qué nos referimos cuando hablamos de violencia. Seguramente todos coincidimos en que golpear a otro es un acto de violencia.
No hay discusión al respecto. Pero más allá de la particularidad de la violencia física, su esencia es impedir la expresión de la libertad del otro y esto lo puedo hacer con golpes y también de manera menos vistosa pero igualmente monstruosa.

Si pongo un cerco alrededor de una ciudad o país y controlo a todo aquel que entra o sale, eso es violencia. Si un sistema financiero restringe mis derechos de alimentación, vivienda, educación y salud cercándome a través de deudas, intereses y compromisos especulativos de difícil comprensión, eso es violencia. La violencia física y la violencia económica son diferentes solo en apariencia. ¿Y qué me dicen de la violencia psicológica? Conocemos bien la manipulación de las conciencias y la generación de temor a través de la propaganda y el control de la información.

Cualquier modo de coartar la libertad de otro ser humano o de una sociedad completa, sea por la fuerza, sea por el control de la subjetividad, sea por el control de los medios de sustento, todas son diferentes formas de violencia porque anulan lo esencial del Ser Humano: su libertad.

En el último siglo grandes momentos de la humanidad en términos de no violencia han sido por ejemplo la creación de las Naciones Unidas, el impresionante proceso descolonizador que dio origen a la mayoría de los Estados de la actualidad y el desarme unilateral que inició la Unión Soviética de Gorbachov. Y más recientemente han sido relevantes los anuncios de Alemania y Japón de poner fin en los próximos 30 años a las centrales nucleares. Hay una fuerza que lucha por la vida y la superación del sufrimiento. Pero estos modelos son rápidamente degradados para enlentecer su implementación y son descalificados como ejemplos a seguir.

Debemos tener cuidado de no caer en la trampa de creer que porque se reemplaza a un gobernante por otro de distinto signo, menos cruel, mas demócrata, por ese solo hecho se ha erradicado la violencia. Ese nuevo gobernante quizás disminuya la violencia física, la brutalidad de la tortura, la desaparición de personas, pero eso de ninguna manera significa que se termina la violencia.

La violencia que viven día a día millones de personas es económica, racial, religiosa, generacional, sexual, psicológica. Cuando se termina un régimen dictatorial se sale de la violencia más explícita y brutal y todo el mundo está feliz por el cambio, pero en realidad tras ese hecho tan vistoso se mantienen todas las otras formas de violencia. Entonces, si no hay una dirección decidida hacia un cambio estructural, todos los avances logrados pueden desvanecerse fácilmente y en definitiva no modificar nada.

Así sucedió en Chile, donde vivimos 17 años bajo una de las peores dictaduras y finalmente logramos derrotarla con el voto en un plebiscito que ellos mismos idearon. No voy a recordar aquí todo ese largo proceso, pero déjenme decirles que 22 años después del fin de la dictadura todavía tenemos la misma Constitución antidemocrática creada por Pinochet.
Aun vivimos en un sistema muy poco democrático, muy bien vendido como exitoso en el extranjero, pero profundamente injusto.

Llevo 15 años recorriendo el mundo para explicar los fracasos de este aparente éxito. Y en todas partes me encuentro con una imagen espectacular del proceso chileno. Y la razón de esta buena imagen es muy simple. Quienes la dan son los que se han beneficiado de la continuidad del modelo económico, político y social heredado de la dictadura. Los jubilados que han visto desvanecerse sus pensiones, las minorías sexuales que siguen discriminadas, los estudiantes que deben endeudarse hasta lo inimaginable, las mujeres pobres que no logran sobrevivir con sus sueldos miserables, los ciudadanos de pueblos contaminados hasta la enfermedad y la muerte, los mapuches a quienes les arrebatan sus tierras, ninguno de ellos han tenido el dinero ni las posibilidades de salir al mundo a denunciar su drama, ni tampoco el espacio en los medios de comunicación para dar a conocer su realidad. Por años recorrí países denunciando la realidad chilena y fui mirado como bicho raro, negativo, incapaz de ver “el espectacular éxito de la transición chilena”.
Solo el año pasado esto comenzó a cambiar luego de esas gigantescas movilizaciones estudiantiles con las que el mundo pudo enterarse que la realidad chilena es muy diferente a lo que los poderosos han querido mostrar.

Vengo de un país que después de casi 30 años de permanente crecimiento económico ha terminado siendo uno de los con peor distribución del ingreso en el planeta. Eso es violencia.

En Chile, país de lagos y glaciares, el agua es privada y su propiedad se rige por una ley única en su tipo en todo el mundo. La electricidad, el gas y toda forma de energía fueron privatizados por los gobiernos autodefinidos como de centroizquierda. Los recursos pesqueros han sido entregados hace solo unas pocas semanas sin licitación y a perpetuidad a 7 poderosas familias. El Cobre, que es nuestra mayor riqueza y que alguna vez perteneció a todos los chilenos, hoy es explotado mayoritariamente por unas pocas multinacionales que se lo llevan casi sin pagar impuestos, solo un royalty tan bajo que es una vergüenza nacional. Cada año mi país pierde miles de millones de dólares solamente por los impuestos no cobrados a las mineras privadas. Todo en Chile se ha privatizado. Todo es todo. Las grandes movilizaciones estudiantiles que ustedes vieron el año pasado pedían algo tan básico como el derecho a la educación. Pedían educación pública gratuita y de calidad. Y a esos jóvenes se los reprimió con la brutalidad propia de los peores regímenes autoritarios.
La educación en Chile es privada. Y es un excelente negocio para quienes la controlan. Y así sucede con la salud y con la seguridad social. Y al pueblo mapuche se le siguen arrebatando sus territorios despojándolos de lo que les pertenece. Todo eso ES violencia.
Entonces, ahí, en mi país está el mejor de los ejemplos de que la erradicación de la brutalidad de una dictadura no significa el fin de la violencia. En realidad se cambiaron administradores militares por administradores civiles pero manteniendo un mismo sistema.
Los civiles son más presentables y tienen mejor marketing que los militares, pero no nos engañemos. En el fondo mantienen y profundizan un sistema violento. Si antes la violencia era física, hoy es económica, sobre todo a partir de un sistema financiero especulativo que está asfixiando a individuos y pequeñas empresas.

Alguien podría preguntar: ¿no es justamente eso que describes la prueba de que la no violencia no conduce a cambiar las estructuras sociales? ¿Qué quedó de la esperanza que despertó en el mundo el acceso de Allende al gobierno impulsado por millones de chilenos que querían un mundo mejor? Responderé que aún cuando en Chile vivamos todavía un momento penoso, quizás porque nos tocó el infortunio de ser el conejillo de Indias de los Chicago Boys de Milton Friedman, quizás porque el sistema se niega a dejar caer ese modelo inicial en un mundo donde el fracaso neoliberal es estruendoso y manifiesto, responderé digo, que precisamente en esa Latinoamérica vejada por militares al servicio de la estrategia norteamericana, en esa Latinoamérica se levantan hoy vientos de paz y bienestar social, de inclusión, de hermandad, de aproximación al humanismo como nunca se había visto en su historia. Y esa también es la herencia de aquello que comenzó a insinuarse en los movimientos de los años 70 y que no pudo ni podrá ser acallado por régimen alguno.

Pero quiero alejarme del caso puntual de Chile para compartir con ustedes algunas reflexiones más generales sobre el tema:

Bien sabemos que la situación actual es crítica en todas las latitudes y está caracterizada por la pobreza de vastas regiones, por el conflicto que surge entre las culturas ante el intento de imposición por una que pretende ser única y universal y por la discriminación que contamina la vida cotidiana de amplios sectores de la población. Hoy existen conflictos armados en numerosos puntos y simultáneamente una profunda crisis del sistema financiero internacional.

Tenemos que destacar que el problema más urgente a resolver es el de las armas nucleares y las armas de destrucción masiva que crecen día a día amenazando la vida en la tierra. No podemos quedar a merced de la locura momentánea de algún líder, o de algún grupo que logra capacidad nuclear, o que por simple accidente se desate una hecatombe que se escape de todo control. La peligrosidad de las armas actuales nos obliga a considerarlas un factor prioritario en el esfuerzo por construir un mundo diferente. El desastre de Fukushima en Japón ha sido una muestra del peligro que tenemos incluso con la energía nuclear de uso civil. Traten de imaginar lo que puede significar su uso intencionado para la destrucción.

Si hay países que poseen armamento nuclear ¿qué argumento coherente pueden usar para impedir que otros los tengan? ¿Cómo justificar la exigencia a Irán o Brasil o cualquier otro país para que no adquiera estatus de potencia nuclear? No hay razón lógica que justifique que unos países puedan desarrollar armas nucleares y otros no. La tesis de contar con armamento nuclear disuasivo fracasó desde el momento en que la tecnología quedó al alcance de cualquier grupo con mínima organización.

Mientras los poderes continentales y regionales se muestran los dientes en actitud amenazante, las poblaciones en todas las latitudes sufren, incluso en esta Europa que se suponía ya fuera de la lucha por su sobrevivencia.

Es urgente crear conciencia por la Paz y el desarme. En lo inmediato necesitamos crear condiciones y exigir por todos los medios a nuestro alcance:

1- el desarme nuclear mundial;

2- el retiro inmediato de las tropas invasoras de los territorios ocupados;

3- la reducción progresiva y proporcional de los armamentos;

4- la firma de tratados de no agresión entre países y

5- la renuncia de los gobiernos a utilizar las guerras como medio para resolver conflictos.


Sin embargo, en última instancia la erradicación de la violencia no se logra sólo por un cambio social. Su raíz no está en el sistema social, sino en el propio psiquismo y cada uno tiene que hacer un esfuerzo por superarla en uno mismo. Se requiere de un cambio simultaneo en el que a medida que mejoramos el sistema social, comprendamos cual es la raíz de la violencia en nosotros y como se la puede superar. Esto no es un tema simple, hace a lo esencial del ser humano y toca sus creencias más profundas. Hace a la comunicación con otros y con uno mismo. Tiene que ver en definitiva con las preguntas fundamentales acerca del Sentido de la vida, de quienes somos y hacia dónde vamos.

Y si alguien volviera a insistir en que el cambio no violento es solo un sueño lejano e inapresable, le diría que ajuste su lente y vea los síntomas del nuevo mundo que ya está aquí, muy cerca y entre nosotros.

Durante el último año hemos visto síntomas de una nueva sensibilidad que va emergiendo.

Hay que destacar a esa nueva sensibilidad, que comenzando en el mundo árabe, se ha manifestado en distintas latitudes. Una nueva generación irrumpió en el paisaje social con un nuevo estilo, un nuevo lenguaje, nuevas formas de organización. Los vimos en el 15M de España y en los movimientos de Europa; en el Ocuppy Wall Street de Estados Unidos y en los cientos de miles de estudiantes marchando en Chile. Se levantaron exigiendo mayor democracia en Rusia, China y Occidente. Esta nueva sensibilidad irrumpió y sigue viva en plazas y calles. Detesta la violencia, rechaza el verticalismo, aborrece de la discriminación y está pronta a organizar movilizaciones masivas, planetarias y simultaneas. El Sistema al comienzo se sorprendió y quedó sin respuesta frente a esta sensibilidad que emergía como torbellino vital, para luego reprimirla con extrema brutalidad. No solo la reprimió sino que en algunos lugares la acusó malintencionadamente de ser parte de grupos armados que promueven una guerra civil y se mueven por intereses muy lejanos a la democracia y a la justicia social. Pero más allá de la represión y la descalificación, esta sensibilidad existe y seguirá dando señales de una nueva mentalidad universalista, no discriminatoria y no violenta.

En ese escenario social quiero destacar el rol que puede tener el Humanismo Universalista en el momento actual. Tomando las palabras de Silo, fundador de este movimiento: “Nos interesa un humanismo que contribuya al mejoramiento de la vida, que haga frente a la discriminación, al fanatismo, a la explotación y a la violencia. En un mundo que se globaliza velozmente y que muestra los síntomas del choque entre culturas, etnias y regiones, debe existir un humanismo universalista, plural y convergente. En un mundo en el que se desestructuran los países, las instituciones y las relaciones humanas, debe existir un humanismo capaz de impulsar la recomposición de las fuerzas sociales. En un mundo en el que se perdió el sentido y la dirección en la vida, debe existir un humanismo apto para crear una nueva atmósfera de reflexión en la que no se opongan ya de modo irreductible lo personal a lo social ni lo social a lo personal. Nos interesa un humanismo creativo, no un humanismo repetitivo; un nuevo humanismo que teniendo en cuenta las paradojas de la época aspire a resolverlas”.

Por último una reflexión: ¿Cuándo el ser humano va a dejar de usar la violencia? Creemos que únicamente cuando ésta le produzca repulsión visceral. Cuando su cuerpo la rechace como si se tratara de algo tóxico y peligroso para la vida. Eso todavía no se ha producido y es un cambio fisiológico que puede demorar todavía muchísimo tiempo.

La pregunta entonces es ¿cómo podemos nosotros contribuir a que ese proceso se acelere? Ese es justamente el sentido de la acción no-violenta que nosotros promovemos día a día.


Estamos contribuyendo de modo humilde pero importante al proceso histórico, a que el ser humano avance desde esta prehistoria en que la violencia forma parte de su quehacer cotidiano hacia un ser humano en que la violencia se recuerde como algo propio de otro tiempo.

Nosotros, humanistas de distintas latitudes, estamos contribuyendo en esta dirección sin siquiera saber si seremos testigos de ese gran cambio que anhelamos.

Y quizás ese sea el aspecto más inspirador de nuestra acción. Una acción que no termina en nosotros. No estamos promoviendo la no-violencia por una cuestión personal; estamos impulsando la construcción de una sociedad no-violenta para garantizar que las futuras generaciones puedan vivir en condiciones dignas. Lo hacemos también para retribuir a todos los que nos han precedido en el largo camino que ha recorrido la humanidad.

Lo hacemos sobre todo para garantizar la continuidad del ser humano hacia un futuro abierto, libre y luminoso.

Muchas gracias.

Ficnova 2014

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