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Por Iris Colil Barra | Pressenza

Si tuviera que resumir en una sola palabra toda esta amarga sensación de angustia que me invade ante tanta tragedia, elegiría la palabra: ¡Basta!

Basta es una palabra potente. Cuando se la pronuncia con convicción, ella puede cambiar el rumbo de la historia. No inmediatamente, y siempre se hace esperar, pero cuando miles la exclaman incesantemente, ella puede derrumbar murallas. Cuando se la dice con firmeza, mirando de frente a los ojos de aquellos políticos que con tanta facilidad ordenan bombardear a civiles y gritamos frente a sus caras  ¡Basta!, no hay fuerza que la pueda contener. Ya habéis cobrado un precio demasiado caro. Demasiada sangre ya ha corrido, demasiado dolor ya habéis sembrado, y ahora ¡Basta!  Ya es hora de acabar con toda esta locura, comenzar a negociar, a dialogar, porque no podemos más, porque no hay consuelo que valga ni queda lugar para lágrimas y menos para el dolor.  Y ¡Basta! porque esto no tiene sentido, por  la fuerza no conseguiremos nada –  por el  contrario-  cada día  nos hundimos más en un amargo pantano lacerante.

Basta es la respuesta ética a la ideología militarista. Al decir ‘Basta’ creamos un espacio para la esperanza, un espacio que no está regido por el degradante discurso  militarista,  nacionalista,  fanático, irracional, que domina hoy la sociedad israelí y a través de ella proyectamos un espacio alternativo,  humanista, ético, moral, sensato, racional, basado en el respeto de los derechos humanos, justicia e igualdad. ¡Basta!, porque queremos un mejor  futuro para nuestros hijos, queremos ser los artífices de un destino mejor, en el que sea posible concretar  anhelos e ilusiones.  ¡Basta!, porque no queremos  más víctimas en ningún bando.  ¡Basta!, porque no queremos continuar  matando ni oprimiendo.  No queremos arrebatar los hijos de ninguna madre ni  diseminar huérfanos  en ningún pueblo.  No queremos morir, ni matar por ídolos de ninguna especie, ni mucho menos por “territorios” que ya hace tiempo dejaron de ser “sagrados” .  Queremos vivir porque nada hay más sagrado que la vida y queremos respetar la vida ajena, así como queremos que otros respeten la nuestra.

Basta es el grito liberador de todo aquel que se niega a no ser más que un peón en un juego espeluznante  y sin sentido. Por ello,  ¡Basta!, es la palabra que nos transforma en seres humanos,  la palabra que nos distingue de la bestia, que marca la diferencia entre el ser humano y el criminal.  No somos soldados, ni  combatientes, somos por sobre todo humanos, y en ese aspecto Moshe-Yosef- Abraham  de Tel Aviv y  Musa-Yusuf-Ibrahim  de Gaza no se diferencian en nada, cada uno es una copia del otro, cada cual es reflejo del prójimo.

Gritar ¡Basta! es una forma de resistencia,  es una forma de socavar los fundamentos del sistema que posibilita esta barbaridad. Basta es una forma de rebelión, y quién no se rebela ante tanta matanza, se convierte en cómplice de la barbarie.

Meir Margalit,  24/7/2014

Centro para la Promoción de Iniciativas de Paz y Comité Israelí contra las demoliciones de casas.

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