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Por Alejandro Volkoff
 
El ser humano aspira a su liberación. Ya desde el inicio de la especie (y mucho antes tal vez) la evolución se dirigió hacia la liberación progresiva de los condicionamientos naturales y sociales. Así, comenzando por la domesticación del fuego, el ser humano, poco a poco, se ha ido liberando de las condiciones naturales, al punto que hoy ya puede volar fuera del planeta.

Algo equivalente fue aconteciendo en el aspecto social. Con avances y retrocesos, los sistemas políticos y económicos se fueron encaminando hacia dicha liberación. Sin embargo, hoy en día en Europa vivimos uno de esos períodos de retroceso. La democracia, que se ha ido imponiendo ya desde el siglo XVIII, no sólo no ha producido grandes avances sino que a veces ha retrocedido hacia prácticas medievales.

Esta introducción sirve para poner en contexto el tema de la democracia formal versus la democracia real. Actualmente, en los distintos estados europeos, vivimos en regímenes de democracia formal. Si la palabra “democracia”, que viene del griego, significa “gobierno del pueblo”, debemos concluir que es formal porque se atiene más a la forma que al contenido. Es decir, formalmente es una democracia pero realmente está bastante alejada de un auténtico gobierno del pueblo.

Una democracia real sería aquella que va en la dirección de liberación del proceso humano. ¿Qué le faltaría a la democracia actual para ser un auténtico gobierno del pueblo (o al menos avanzar en esa dirección)? En primer lugar, la democracia representativa tenía sentido hace 200 años, cuando las distancias dentro de los estados eran enormes, y en cada región necesitaban elegir un representante que fuera a la capital para representar a los habitantes de su región; hoy día, con el desarrollo de las telecomunicaciones, parece absurdo que unos señores tengan que reunirse bajo un mismo techo para decidir cuestiones que perfectamente se podrían consultar a la población mediante plebiscitos, referéndums y consultas varias. ¿Por qué no nos consultaron antes de embarcar al ejército español en la pérfida aventura en Irak?, ¿y por qué no nos han consultado para las aventuras en Afganistán y Libia? No hay justificación posible. ¿Por qué no nos consultan si queremos recortes en salud y educación? Quizás porque nuestros “representantes” creen saber mejor lo que nos conviene, pero vistas las cosas como están, me parece que no tienen ni idea de lo que nos conviene (o directamente sus intereses son opuestos a los de sus “representados”).

La única participación democrática que se nos permite es votar cada 4 años para entregar un cheque en blanco al elegido, que durante su período hará lo que le parezca olvidándose de quienes lo votaron. ¿Cómo es posible que no exista una ley de responsabilidad política que obligue a los cargos electos a cumplir con sus promesas electorales, bajo pena de despojarlos de sus poderes? Es insultante que un gobernante como Artur Mas se cargue de legitimidad democrática para realizar unos recortes sociales salvajes, cuando sólo ha obtenido el 22,41% de votos del total del padrón[1]. Cualquier dictador podría tener más apoyo popular.

En el caso español todo esto se agrava si tenemos en cuenta a la monarquía hereditaria (y antidemocrática por definición), basada en una constitución que, aunque se aprobó en referéndum, todos los menores de 50 años no hemos podido votar.

1. CiU obtuvo 1.198.010 votos en las últimas elecciones autonómicas, de un padrón de  5.344.944 votantes potenciales (fuente: “El País”).

Artículo publicado originalmente por el autor en: http://movimientoforma.blogspot.com.es/2011/07/democracia-formal-o-real.html

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