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Por Guillermo Garcés.*

Mientras en distintos puntos de conflicto político-social en el planeta las diferencias y los intereses en pugna arrastran a la ciudadanía a situaciones dantescas – con cientos y también miles de ellos cayendo como victimas inocentes- en una macabra rueda histórica que se repite una y otra vez, inesperadamente, surge en Latinoamérica una iniciativa esperanzadora.

Los intereses de la banca especulativa neoliberal y su acciones directas y mediáticas, operacionalizadas a través del estado norteamericano, tienen en estos días funcionando sus maquinarias a todo dar en contra de los procesos progresistas de Latinoamérica en general y de Venezuela en particular. Se puede inferir que tal recrudecimiento, debe estar sustentado en algún informe de “inteligencia”, similar al que en otro momento aseguró la existencia de un armamento de destrucción masiva amenazante en Irak, el que justificó la destrucción de aquel país.

Los indicadores del plan de desestabilización del gobierno democráticamente electo en Venezuela son claros para quien mire la situación abstrayéndose de los datos manipulados entregados por CNN y todas sus “repetidoras locales” y que además recoja en su análisis los datos de situaciones similares vividas en la región (también en otras latitudes) desde el siglo pasado, con los resultados de guerras civiles, golpes de estado e invasiones militares.

En este contexto atemorizante que común y mecánicamente lleva a respuestas violentas por parte de los afectados, Nicolás Maduro junto a su equipo de gobierno y la ciudadanía organizada, optan cortar con la lógica de acción y reacción, cortar con la justificación de las condiciones objetivas, asumiendo una postura de mayor cualidad, que pone por encima de todo la vida y el bienestar de su pueblo, una actitud humanista que concreta con un compromiso con la paz al instalar el pasado 26 de febrero de 2014, el ámbito de comunicación directa, denominado “Conferencia Nacional por la Paz” abierto a las personas de oposición, a los empresarios, a los dirigentes sociales, a los intelectuales, a los representantes religiosos de distintos credos, a diputados, a ministros, a gobernadores, a los medios de comunicación masiva. Este ámbito sesiona en vivo y en directo por Telesur, para que los Venezolanos y todos los televidentes de distintas latitudes puedan seguir los pormenores del dialogo, de los acuerdos y de la definición de pautas para su implementación. Este primer ámbito abre otras conferencias específicas que sesionan paralelamente, por ejemplo La Conferencia Económica por La Paz, que inicia su trabajo el mismo día con algo mas de 160 empresarios y que continua su trabajo al día siguiente, con la participación de más de 600.

Ese día 27 de febrero (coincidente con la fecha histórica de la matanza de 30 mil personas por las fuerzas represivas del gobierno del democratacristiano Andrés Pérez, conocida como “El Caracaso”), en este lugar de Latinoamérica se generaba un efecto demostración, definiendo a la “Conferencia Nacional por la Paz” como un ámbito permanente de resolución de los conflictos, dando un salto cualitativo y superador de la desgastada democracia representativa, que fue definida hace algunos años por Silo, como el acto en que muchos eligen a unos pocos, y esos pocos traicionan a eso muchos. Una respuesta noviolenta que abre una esperanza al futuro de la humanidad. Un futuro en que se abra la participación directa de la ciudadanía sin intermediadores que puedan ser digitados por intereses ajenos y opuestos a las necesidades de la gente común. Donde los conflictos se debatan de cara a la gente, en directo, sin editores manipulables por el poder del dinero.

Sin duda es un camino difícil en los tiempos que corren, pero también es un intento digno que coincide, que sintoniza con la nueva sensibilidad y con el clamor de los pueblos.

En toda latitud, las mujeres y hombres valientes, comprometidos con la paz y la justicia social se regocijan y saludan la buenas nuevas, que vienen surgiendo en estas tierras suramericanas en los últimos tiempos, una respuesta de humanismo universalista que balbucea los tiempos que vendrán, en momentos en que los poderosos de hoy intentan imponer por la fuerza sus antivalores y su desprecio por la vida humana.

* Guillermo Garcés es humanista, miembro activo de La Comunidad para el Desarrollo Humano en Santiago de Chile.

Ficnova 2014

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