Documentos
animado

La existencia humana está abierta al mundo y opera en él intencionalmente. Ella puede nihilizar al mundo (y, por tanto al cuerpo, a la naturaleza y/o a la sociedad) o humanizarlo. Es desde esta libertad, desde donde el ser humano elige aceptar o negar las condiciones sociales en que nace, se desarrolla y muere.

Todas las formas de violencia se manifiestan como la negación de la intencionalidad de otro ser humano (y por cierto, de su libertad), como acción de sumergir al ser humano, o a los conjuntos humanos, en el mundo de la naturaleza. Es esta objetivación lo que permite privar a otros de su derecho a la libertad, a la felicidad y, por último, a la vida. Es también esta libertad la que permite a una minoría apropiarse del todo social en violenta concentración de riqueza y recursos.


Así se ha organizado un sistema socioeconómico, de relaciones interpersonales y pautas existenciales cuyo signo particular es la violencia, a la que consideramos normal la mayor parte del tiempo, aunque el dolor y el sufrimiento, personal y social, delatan la necesidad de transformar dicho sistema.
La no-violencia aparece ya en edades muy tempranas en casi todas las culturas y religiones en sus momentos más humanistas, con diferentes expresiones de la Regla de Oro, hasta concretarse en el Principio de Acción Válida “Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas” .


Emergente de tales experiencias se desarrolla entonces la no-violencia como metodología de acción. Desde los movimientos antiesclavistas y de descolonización, hasta los movimientos por los derechos civiles de las minorías raciales, los trabajadores y las mujeres, pasando por la oposición a regímenes totalitarios y al armamentismo, sobre todo nuclear, la no-violencia activa se presenta como la única metodología de acción que es coherente con sus objetivos. El Nuevo Humanismo la aplica ya desde su inicio no a un conflicto en particular sino a la creación de un sistema global, un cambio de signo integral para el mundo en que vivimos.


Hasta tanto el ser humano no realice plenamente una sociedad humana, es decir, una sociedad en la que el poder esté en el todo social y no en una parte de él (sometiendo y objetivando al conjunto), la violencia será el signo bajo el cual se realice toda actividad social. Por ello, al hablar de violencia hay que mencionar al mundo instituido, y si a ese mundo se opone una lucha no-violenta, debe destacarse en primer lugar que una actitud no-violenta es tal porque no tolera la violencia. De manera que no es el caso de justificar un determinado tipo de lucha sino de definir las condiciones de violencia que impone ese sistema inhumano.

Ficnova 2014

Compartir en . . .

Síguenos en Facebook